Ejercitar el alma

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Me encanta esta nueva onda del Fitness y confieso que admiro a todo aquel que tiene la voluntad de hacer cada día una comunión física con su cuerpo y por consiguiente su salud.

Tengo una costumbre aprendida de revisar la etimología de las palabras cuando leo sobre un tema en específico. Es mágico el resultado. Siempre encuentro información interesante y nutritiva para mi ser.

Por ejemplo: La palabra ejercicio viene del latín EXERCITIUM, un frecuentativo de EXERCERE (poner en movimiento). Este último verbo está compuesto por dos palabras:
EX que significa “desde el interior hacia el exterior” y ARCERE que significa “contener, encerrar” por lo que podríamos decir, que ejercitar es el acto de liberar por medio del movimiento todo aquel contenido que nos daña.

El movimiento es un cambio de posición en el espacio-tiempo de cualquier tipo de materia ¿y que es la materia? ¡Luz densamente compactada!
Somos energía, luz que se manifiesta en onda y partícula. Luz que se mueve, cambia, transforma, muta y transmuta.

¿A dónde voy con todo esto?

Todos queremos estar en la línea, vernos bien, ser “FIT”… Sacamos el tiempo para ir al gimnasio, caminar y practicar deportes pero ¿estamos vibrando en la misma sintonía interiormente? ¿Estamos ejercitando también nuestra esencia, nuestra parte etérea? Muy probablemente la respuesta es no y es muy triste, porque un palacio no se puede construir sobre un terreno hueco.

Los Laikas, un grupo de sabios de los Andes y el Amazonas que dentro de su sabiduría milenaria también nos enseñan que toda la creación está hecha de vibraciones y luz, dividen su percepción en 4 niveles. El tercero es el reino del mito o el alma, que corresponde con uno de los cuatro cuerpos energéticos que conforman el campo energético humano.

Ellos relacionan este nivel con el desarrollo del neócortex en el cerebro humano, que comenzó a desarrollarse hace alrededor de 100,000 años. Según sus enseñanzas, cuando despertamos esta percepción nuestra alma inicia en sí misma un camino a lo sagrado y comenzamos a vivir nuestra vida con verdadera sabiduría.

El alma se expresa a través del arte, su lenguaje es la música, las imágenes, la poesía, los sueños, la ciencia y la mitología. ¿Acaso no has experimentado toda clase de sentimientos al escuchar una pieza de Mozart? O al presenciar una ópera con aquellas voces que hacen vibrar cada célula del cuerpo, al ver una pintura Vincent Van Gogh, una legendaria imagen de Nikolái Roerich, o al estudiar el trabajo de Galileo Galilei, Leonardo Da Vinci y Nikola Tesla; al leer sobre Hypatia de Alejandría, Aristóteles o alguna de las tantas mitologías que existen alrededor del planeta… ¡Es sublime! Tanto alimento que existe a nuestro alrededor para el alma y no nos tomamos el tiempo de apreciarlo y darle un lugar importante en nuestro día a día.

A veces lo tenemos todo, nos llenamos de lujos hermosos y objetos materiales, comemos sano, pagamos los mejores tratamientos de belleza, tenemos una vida amorosa estable y relaciones armoniosas, pero aún así no somos felices. Un sentimiento de vacío nos grita por dentro y yo vuelvo a preguntarme: ¿Estoy alimentando mi esencia? ¿Estoy nutriendo de sueños mi alma? ¿Estoy llenando mi vida de magia?

Hoy es un buen día para renacer. Es momento de expresarnos, de poner a volar la imaginación y comenzar a transmitir toda la belleza que llevamos dentro. Es momento de darle voz al alma, inspirar al mundo a través del arte e iniciar nuestro mítico viaje sagrado hacia la esencia.

Mucha gratitud,

Adaísa🌿
Colaboración para la revista Bien-etrê 2015
Ilustración: Minne

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